Jack Lang, ex ministro de educación francés:Por qué este vandalismo contra la escuela pública

En la apertura del curso escolar, Jack Lang, ministro de Educación del gobierno de Lionel Jospin, pone la educación en el centro del debate político francés enfrentándose directamente a la política educativa de Nicolas Sarkozy. A unos meses de las elecciones presidenciales francesas, el autor de ‘Una escuela elitista para todos', (Gallimard, 2003), pone en cuestión el trabajo en educación del gobierno francés con la publicación de un ensayo en forma de carta abierta al presidente de la República titulada: ‘Por qué este vandalismo de Estado contra la Escuela'.Desde la Liga recogemos una entrevista de Jack Lang sobre su ensayo publicada en la revista de la Liga francesa dado el paralelismo de la crítica de Lang con los recortes que se están produciendo en España.

 

¿Ha reaccionado el presidente (Nicolas Sarkozy) a su carta?
No a día de hoy. Pero eso no es nada sorprendente.

liga de la educacion¿Tenía usted algún tipo de ilusión sobre la política de Sarkozy en materia de educación?

En septiembre de 2007, mientras que Nicolás Sarkozy se dirigía a los educadores, yo pensaba, de forma infantil sin duda, que tenía un verdadero interés por la educación. Era difícil no estar de acuerdo con las intenciones inherentes a ese mal humor que le caracteriza. Acabar con las desigualdades, la violencia, democratizar por fin la escuela. Cómo no estar de acuerdo con ello. Sin embargo, cuatro años más tarde es un verdadero desastre, se trata de un acto de vandalismo.

¿De qué tipo de vandalismo habla usted?
No uso la palabra al azar o porque me guste la polémica. Los mejores historiadores han dado un sentido que traduce muy bien la manera en la que este gobierno actúa de cara a la educación nacional. Marc Ferro cita la carta escrita por la madre de Frédégaire, un rey bárbaro, a su hijo: "Si quieres realizar una hazaña y hacerte con ella un nombre, destruye todo lo que los otros han edificado porque tú no puedes levantar un edificio superior al que construyeron tus predecesores". Esto viene a decir: "Como nunca te podrás igualar a la obra de Roma, destrúyela para triunfar por la fuerza del talento que te falta".

¿Cuáles son sus quejas?
Son numerosas. Desde la supresión de puestos al abandono de la formación de los maestros, sin olvidar las jugarretas presupuestarias, ¡hay de donde sentirse afligido!
Hemos hecho de la escolaridad un pequeño accidente con competencias reducidas al extremo que quiere "formular una propuesta sencilla" para "entender algunas cuestiones vinculadas al desarrollo continuo y actuar en consecuencia" pasando por centenares de exigencias incomprensibles en las que no reconocemos nada de las virtudes del saber y de su transmisión. Decir buenos días a una dama y seleccionar los residuos, eso no puede tener lugar en la ambición de los jóvenes.

El otro día me encontré con unos maestros que me hablaron de sus condiciones en el aula. Me contaron cómo desde la supresión de los documentos de acompañamiento pedagógico, que marcaban la enseñanza de las materias, todavía están fotocopiando aquellos que existían cuando yo era ministro, es decir en 2002.
En el fondo, lo que constato es que simplemente el sistema está abandonado. Más que hacer reformas de fondo, dejamos que trepe eso que llaman privatización. En definitiva, ¡es urgente "republicanizar" la escuela!

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Tomemos la cuestión de la violencia y de los actos incívicos. Estos no son de ayer, ¿qué propuestas hace para remediar esta plaga?

Mientras que yo era ministro, me comprometí en ese campo con medidas muy voluntaristas gracias a un personal muy consecuente y competente. En la región de Seine-Saint-Denis la violencia se redujo a un 12,5% y en París 17%. Estas cifras no son salen de mi gabinete sino que son resultados de Signa, un dispositivo de análisis estadístico ¡suprimido en 2006!

Acompañamos ese voluntarismo de una gran campaña titulada ‘El respeto, eso cambia la escuela'. Un gran número de maestros se aprovecharon de esa idea para debatir con sus alumnos y los resultados mostraron que, fuera de las sanciones, siempre hay lugar para la discusión sobre todo si ésta hace una llamada a la inteligencia colectiva.
Lo que falta en realidad, son medios en personal. Mientras, lo que hacemos es maquillar y ofrecer efectos de imagen. Hacer que un alumno que ha cometido una falta haga trabajos de interés general en vez de excluirle no es una mala idea, pero lo que falta es que alguien esté disponible para que organizar la falta y asegurar que no se vuelva a cometer.

¿Qué propuesta concreta, nueva, hace usted? ¿Qué podría despertar a una comunidad educativa a veces caracterizada por la resignación y el desanimo?

Usted verá que en mi libro deseo ambición que haya ambición en la formación de los maestros. Lo que yo propongo es nada menos que crear una escuela nacional superior de formación de maestros, inspirada en la Escuela Nacional de la Magistratura o aquella de la sanidad pública. Esta institución contaría con un departamento de investigación pedagógica y de una estructura investigación sobre la formación. Sería interesante asociarla con una escuela de padres destinada a ayudar a las familias ante la falta de referencias sobre la complejidad del sistema educativo.
Es cierto que no es fácil despertar la imaginación en un ambiente muy burocratizado y, a veces, los maestros no se muestran tan combativos como yo desearía, ¿pero vamos a criticarles por ello?

Sé que la escuela va a convertirse en el centro del debate político este año porque es impensable que al menos en la izquierda no contemos con ninguna respuesta a la altura de esta desilusión. Esa es la razón por la que yo me comprometo con este debate yendo a Dijon, a Marsella o a Lyon a organizar foros. Es necesario que la educación sea una materia de discusión popular, un terreno de polémica y de propuestas con el objetivo de terminar con esta mascarada gubernamental.