"El voluntariado es ciudadanía y la ciudadanía una conquista. Un ideal de plenitud cívica"
"El voluntariado como seña de identidad de la ciudadanía del siglo XXI". Bajo este título presentaba Victorino Mayoral, presidente de la Liga Española de la Educación y la Fundación Cives, la mesa inaugural de la Escuela de Otoño del Voluntariado, celebrado los días 8 y 9 de septiembre en el Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad. Reproducimos aquí su introducción a la mesa, denominada ‘Aportaciones del voluntariado a la construcción de la ciudadanía global':
El voluntariado como seña de identidad de la ciudadanía del siglo XXI. ¿Un deseo, un objetivo para llevar a la realidad social? Sí. Comencemos por el principio: el voluntariado es ciudadanía y la ciudadanía es una conquista, un estatus de derechos civiles, políticos y sociales integrados. Pero también es un ideal de plenitud cívica.
Y esa ciudadanía se convierte voluntariado con la práctica de valore éticos, de ética pública cuya máxima expresión es la virtud cívica. Es decir, el bien de la sociedad al servicio de la comunidad de forma desinteresada: la solidaridad.
En ese sentido, el voluntariado es una actitud moral que se pone de manifiesto en situaciones y momentos cruciales para las personas y los colectivos. Supone la representación del contrapunto revelador entre aquellos que, como los voluntarios, actúan frente a los demás sin fin de lucro alguno y aquellos otros que sólo viven y actúan movidos por únicamente por el lucro y la especulación.
El voluntariado es por tanto solidaridad activa y desinteresada para apoyar el desarrollo y humano y los derechos de ciudadanía de quienes padecen situaciones de exclusión, pobreza paro y marginación antes, durante y después de la crisis.
Hoy nos encontramos en una situación de crisis con sus graves consecuencias para el logro y mantenimiento de los derechos de ciudadanía, especialmente en lo relativo a ciudadanía social. La realidad es que las crisis destruyen las conquistas y los valores de ciudadanía. Y ésta que sufrimos hoy está apoyada por la hegemonía de una ideología que convierte a todos en mercancía, en el seno de un mercado sin normas. El fundamentalismo de mercado es hoy dominante y sus dogmas de privatización actúan marginando todos los principios y valores propios de una ética cívica y humanista, a la que desprecian y excluyen.
Por eso es más necesario que nunca fortalecer el papel del voluntario para el mantenimiento de la cohesión social, la convivencia solidaria y la participación en la gestión de lo público, esperando efectos de democracia participativa, veracidad y transparencia en la democracia representativa. Porque el voluntariado también es reflexión crítica y exigencia de justicia.
El voluntariado ha de ser, pues, ciudadanía activa y solidaridad activa, también desde la perspectiva universal, la del hombre ciudadano del mundo. Este año se celebra también el Año Europeo del Voluntariado y la Declaración Universal del Voluntariado, realizada en Ámsterdam el año 2001, y que está íntimamente vinculada con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Recordemos la definición: "El voluntariado un pilar fundamental de la sociedad civil. Da vida a las más nobles aspiraciones de la humanidad: la búsqueda de la paz, la libertad y la justicia para todas las personas".
Al comienzo del nuevo milenio, el voluntariado es un elemento esencial en todas las sociedades. Transforma en acción práctica y efectiva la Declaración de Naciones Unidas que dice: "nosotros, la gente, tenemos el poder de cambiar el mundo".
¿No es una utopía inalcanzable? Es una visión anticuada, repetida y vista. Como hemos podido comprobar recientemente en la llamada "primavera árabe" y las replicas que está teniendo en todos aquellos lugares y regiones que aún no han perdido la capacidad de indignarse y actuar solidaria y pacíficamente frente a toda negación de ciudadanía y dignidad de las personas.
Eso debe ser el voluntariado a comienzos del siglo XXI: Indignación manifestada en acciones pacíficas de solidaridad y de apoyo para transformar las costumbres que frenan el ejercicio de la ciudadanía y sus derechos a las personas que más dificultadas tienen para abrazarlos.



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